¡Uff, vaya forma de empezar una
historia! Bueno, pero empieza realmente unos años antes del fin del mundo.
Es la historia de estos dos cretinos, Urza y Mishra,
que con sus esfuerzos colectivos casi provocan el fin del mundo.
Su carrera comenzó como estudiantes de la arqueóloga Tocasia. Los llevó a las cuevas de Koilos, donde buscaban ruinas de la civilización Thran. Urza, el mayor, era talentoso para descifrar y entender la tecnología perdida, pero hablaba mejor con las piedras que con las personas. Mishra, el menor, además de ser buen arqueólogo, tenía don de personas y se relacionaba fácilmente con la gente.
Cierto día, hallaron una misteriosa roca brillante en la excavación.
La roca era una powerstone thran que pulsaba con energía. Al extraerla se partió a la mitad y cada hermano se quedó una parte. La roca de Urza, que llamó la mightstone, daba energía a los artefactos. La roca de Mishra, que Urza llamó weakstone, los desactivaba. Los hermanos discutían y peleaban porque querían la mitad que poseía el otro. Con el paso del tiempo, su enemistad fue creciendo.
Las peleas fueron creciendo en intensidad y, en un preludio de lo que estaba por vivir el continente, la maestra Tocasia se interpuso entre los hermanos y murió por los rayos de las rocas.
Esto acabó con la relación entre los hermanos y cada quién siguió su rumbo. "Cámara, ahí que quede."
Para desgracia de millones, no quedó ahí.
Pasaron los años. Urza usó su talento como inventor y se ganó la mano de la princesa Kayla bin Kroog. (Kroog era la clase de sociedad en que el rey organiza un torneo de las artes marciales para hallarle marido a su hija y dejaron que Urza participara con un robot.) A Urza la princesa le valía gorro pero se casó de todos modos. Él entró al torneo porque la dote incluía un rarísimo tomo thran que él deseaba. Con los inventos de Urza, Kroog se volvió una potencia económica y militar y Urza, el jefe artífice.
La vida no fue tan cómoda para Mishra. Lo esclavizaron los Fallaji, mercenarios del desierto y se volvió el tutor del hijo del jefe. Pensaban ejecutarlo pero una máquina dragón emergió alv de las dunas y Mishra logró someterla. Con la promesa de usar sus poderes y conseguir más máquinas de guerra, Mishra se volvió el hechicero personal del jefe de los Fallaji.

Con ayuda de los hermanos, el reino de Kroog y la federación Fallaji crecieron en su poder militar y su influencia. Cuando sus fronteras coincidieron, comenzaron las hostilidades entre ambas naciones y los hermanos volverían a encontrarse.
Kroog y Fallaji acordaron una plática diplomática para resolver sus broncas, donde estuvieron presentes los hermanos. La "diplomacia" de Kroog fue bombardear el campamento Fallaji para tratar de asesinar al jefe. Las cosas se salieron de control y la guerra abierta comenzó, asistida en ambos bandos con las criaturas artefacto de los hermanos.
La guerra duró años y poco a poco se involucró todo el continente. Con el paso del tiempo murieron los líderes y los hermanos se volvieron los dirigentes de sus naciones. La máquina de guerra crecía y crecía y ambos tenían una política de "si no estás conmigo estás contra mí" con sus vecinos. Las naciones que no se aliaban con alguno de los hermanos terminaban como sus víctimas porque los reinos beligerantes necesitaban más y más recursos para hacerse la guerra.
Sin saberlo, cuando los hermanos tomaron la roca en las ruinas destruyeron un sello místico. La powerstone thran cerraba el portal a Phyrexia. Cuando la abrieron, el demonio Gix escapó y comenzó a hacerse de seguidores: la hermandad de Gix. Los gixianos se acercaron a Mishra y le hablaron de Phyrexia. En su búsqueda de armas, Mishra y su aprendiz, Ashnod, abrieron el portal a Phyrexia para robar más máquinas de guerra.
Por su parte, Harbin, el hijo de Urza, había descubierto una isla al sur del continente: ¡Argoth! Todo el continente de Terisiare se hallaba devastado y agotado por la guerra, pero Argoth era un bosque frondoso, vivo, lleno de recursos, que podría alimentar la máquina de guerra de Urza para triunfar en la guerra.
Durante la guerra, la influencia de Phyrexia sobre Mishra creció poco a poco. Ashnod se dio cuenta pero ya era demasiado tarde. Después de años y años de guerra, por algún motivo sintió algo en su conciencia y se reunió a escondidas con Tawnos, el aprendiz de Urza. Le llevó un tazón místico y le dijo así: " dile a tu patrón que lo llene con memorias de la tierra".
Para Argoth la guerra estaba perdida. El bosque se había convertido en un erial arruinado y marchito como el resto de Terisiare. Solo quedaban los ejércitos de los hermanos haciendo su guerra.
Gix usó su influencia sobre los artefactos para que se madrearan indiscriminadamente entre ellos y los hermanos perdieron el control de sus ejércitos. Todo estaba valiendo madres.
En el caos del campo de batalla, los dos hermanos se encontraron para un último mano a mano. Ya eran ancianos. No habían conocido más que la guerra durante toda su vida. Habían precipitado miles y miles de almas a la tumba.
"Somos iguales" dijo el menor. "¿Por cuánto tiempo hemos peleado? ¿Y por qué, hermano? ¿Por baratijas? ¿Por gobernar pueblos y naciones?"
"Yo solo quería aprender," dijo Urza, quedo. "Yo solo quería construir mis máquinas."
(((O sea, sí, güey, te entiendo. Pero no mames.)))
Pero no, no eran iguales. Urza estaba viejo y cansado de tantos años de pelear. Pero Mishra era más fuerte, más ágil. Demasiado fuerte, demasiado ágil. Al tratar de volarle las entrañas con un rayo, Urza descubrió que su hermano ya no era un hombre, era un híbrido mecánico. Mishra se había convertido en un phyrexiano.
Mishra se fusionó con una máquina dragón para darle el golpe de gracia a su hermano. ((Y a mí me faltó valor para dibujar eso, se lo tienen que imaginar.))
En su momento de mayor necesidad, Tawnos llegó al auxilio de su maestro. Le dio un tazón místico de cerámica y le dijo "llénalo con memorias de la tierra."
Urza pensó en todo lo bueno y malo que había hecho en su vida. Recordó y sus pensamientos lo hicieron entender a la tierra y lo que su guerra le había hecho. Pensando en terminar todo finalmente, vertió sus recuerdos y su esencia en el místico frutero de cerámica.
El tazón creó una explosión gigantesca que destruyó Argoth y todo lo que todavía quedaba sobre la isla, fuera hombre o artefacto o defensor del bosque. Sacudió la tierra y provocó terremotos y tsunamis que destruyeron lo poco que había quedado en Terisiare a salvo de la guerra y redujo a los hermanos a polvo y ceniza.
Ese fue el fin de los hermanos.
Ese fue el fin del mundo.
Los sobrevivientes volverían a sus hogares y tratarían de reconstruir sus vidas mientras caía la nieve de un invierno que había llegado muy temprano.
FIN.
NOSIERTO
La explosión hubiera desintegrado a Urza y no hubieran quedado de él más que las maldiciones a su nombre, pero en ese momento se encendió en él la chispa del planeswalker. Las gemas por las que toda su vida había peleado se habían convertido en sus ojos.
Ahora sí, FIN.
















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